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OPINIÓN: Toda la carne al asador: revocación de mandato y el 2021

Al poner su mandato sobre la línea, el presidente busca motivar la participación, movilizar a sus simpatizantes y obtener un resultado favorable como el de 2018, opina el analista César Sánchez Gaona.
AMLO
El Ejecutivo. López Obrador asumió el poder el 1 de diciembre y el 10 de marzo cumplió sus primeros 100 días de mandato.

Nota del editor: César Sánchez Gaona es especialista anticorrupción en Ethos Laboratorio de Políticas Públicas. Síguelo en Twitter como @CesarSGaona . Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

CIUDAD DE MÉXICO (ADNPolítico).- Hay quienes ven el intento de empatar una consulta de revocación de mandato con las elecciones intermedias como una movida política para abrir camino para la reelección del presidente en 2024. Su lógica no es del todo disparatada. Esta herramienta no fue diseñada para que los gobernantes pongan a prueba su popularidad con la población, sino para que la ciudadanía tenga la posibilidad de removerlos si consideran que las condiciones lo ameritan.

Sin embargo, quienes le han dado uso en México han aprovechado para pintarse a sí mismos como demócratas dispuestos a acatar la decisión del pueblo. Como consecuencia, lograron perfilarse exitosamente para posteriormente competir por otros cargos. Tal es el caso del propio Andrés Manuel López Obrador cuando era jefe de gobierno del entonces Distrito Federal y del ahora gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro . Ante la ausencia de un cargo mayor por cual competir, la conclusión lógica de los críticos ha sido lo impensable en México: la reelección presidencial.

Esta conclusión, si bien no es del todo imposible, ignora la importancia de otros factores en juego en 2021. Algunos analistas ya han señalado otra intención probable: dar un empujón electoral a los candidatos de Morena en las intermedias. En particular, asegurar que el partido y sus aliados mantengan su mayoría aplastante en la Cámara de Diputados.

La integración actual de San Lázaro le ha permitido al gobierno federal impulsar reformas constitucionales importantes y asignar presupuesto a sus programas prioritarios, elementos clave para cumplir con sus objetivos estratégicos. No obstante, su posición en la Cámara es más vulnerable de lo que parece. A pesar de contar con 63% de las curules, los partidos que conformaron la coalición Juntos Haremos Historia solamente obtuvieron 45% de los votos en las elecciones legislativas del 1 de julio pasado. Esta discrepancia fue resultado de una laguna legal en la regulación de los convenios de coalición, la cual permite a los partidos postular candidatos que no sean militantes suyos.

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En la elección pasada, varios militantes de Morena (como Mario Delgado y Zoé Robledo) fueron postulados por el PT y Encuentro Social. Esto importa porque una vez que salen los resultados, el INE tiene que tomar en cuenta cuántos ganadores tuvo cada partido para así asignar los diputados plurinominales. Si bien Juntos Haremos Historia obtuvo el triunfo en 220 de los 300 distritos de mayoría relativa, únicamente 106 de esos fueron postulados por Morena. Por consecuencia, el INE tuvo que otorgar al partido del presidente 85 diputaciones plurinominales . Es así como la coalición logró darle la vuelta a nuestro sistema de representación proporcional para hacerse de una mayoría artificial y totalmente desproporcionada respecto a la votación que recibió en las urnas.

Es probable que Morena y sus aliados busquen replicar esta misma estrategia para 2021. Sin embargo, puede que esto no baste para mantener o expandir su poder político. En todas las elecciones intermedias, el partido en el gobierno ha perdido asientos en la Cámara baja, a veces generando mayor fragmentación y parálisis legislativa en el segundo trienio de cada mandatario.

Claramente el gobierno tiene todo el incentivo para evitar este escenario. Según las encuestas, López Obrador actualmente cuenta con una aprobación que ronda alrededor de 80% . Si esa tendencia se mantiene, puede que el arrastre del presidente ayude a mantener la Cámara de Diputados y dar fuerte competencia por las 13 gubernaturas que se renuevan en 2021 (todas en estados que López Obrador ganó en 2018). Más allá de si hará proselitismo a favor de los candidatos oficialistas o no, el hecho de poner su mandato sobre la línea puede motivar mayor participación y movilizar a sus simpatizantes.

Todo parece indicar que este gobierno pondrá toda la carne al asador para mantener lo ganado en 2018. No buscar la reelección en 2024 no significa que afloje el paso, todo lo contrario. La estrategia para el largo plazo es sacarle el mayor jugo al corto: seguir reformando la Constitución, mantener control sobre el presupuesto, cumplir las promesas de campaña. El presidente probablemente no necesite buscar la reelección, pero no significa que no esté pensando en el futuro.

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