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#VocesADN: PRI, ¿90 años de qué o para qué?

Los errores del PRI fueron tan profundos como sus éxitos; se traicionó a sí mismo y a la sociedad, perdió sus valores y equilibrios, y con eso perdió el apoyo ciudadano, opina Don Porfirio Salinas.
PRI
El Comité Ejecutivo Nacional del PRI, encabezado por Claudia Ruiz Massieu, realizó el pasado 27 de febrero, su consejo nacional para determinar que el INE realice la elección de su nueva dirigencia.

Nota del editor: Don Porfirio Salinas es híbrido de política, iniciativa privada y escenario internacional. Priista orgulloso de “el valor de nuestra estirpe” (Beatriz Paredes dixit); antagónico al Peñismo, que atentó contra esta estirpe. Convencido de la política como instrumento de construcción de país, desde cualquier trinchera. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

CIUDAD DE MÉXICO, (ADNPolítico) - Hoy 4 de marzo, el Partido Revolucionario Institucional cumple 90 años. El PRI es uno de los partidos más longevos del mundo. Solo lo superan partidos como los dos tradicionales de Reino Unido, que son los más antiguos con unos 400 años; o los dos de Estados Unidos, con casi 150.

El PRI también está entre los récords de partido en el gobierno por más tiempo ininterrumpido, con 71 años (periodo 1929-2000). Esta hazaña solo es comparable con algunos partidos asiáticos, como los de Corea y China, cuyos periodos ininterrumpidos actualmente rondan los 70 años.

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Lamentablemente, hoy el PRI es el partido con mayores niveles de rechazo en México. Sus siglas se han vuelto la representación máxima de todo lo que hoy está mal en el país.

Pero si bien el PRI ciertamente ha cometido errores imperdonables, particularmente bajo la era peñista, es imposible concebir o incluso entender al México actual sin analizar y entender de manera objetiva al partido.

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El PRI surge en uno de los momentos de mayor caos e inestabilidad de México. Arranca como Partido Nacional Revolucionario en 1929, justo en la etapa de mayor incertidumbre después de la Revolución. Y nace, precisamente, para ayudar a construir un país estable y cohesionado.

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Desde la Colonia, México no vivió etapas sostenidas de estabilidad. Pasó por profundos periodos de guerras, secesiones, invasiones extranjeras, y un largo etcétera. Es hasta el Siglo XX, después de la Revolución, que logramos consolidar al país, en buena medida por la visión del PRI.

Fue con los gobiernos del PRI, desde el PNR del 29, pasando por el Partido de la Revolución Mexicana en 1938, y a partir de 1946 ya como PRI, que México alcanzó la estabilidad social, económica y política que lo diferenció de todo el resto de América Latina.

Desde Guatemala hasta la Patagonia, el siglo XX estuvo plagado de golpes de estado, dictaduras militares, derrocamientos, guerrillas e intervenciones extranjeras. México era una isla en ese caos. Esto fue posible gracias a la estructura tan sui géneris del PRI, no vista en otras latitudes.

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Ante un país tan fragmentado y confrontado, el PRI se construye en sectores representativos de los principales grupos sociales. Empieza por el militar, que ostentaba el Gobierno; el campesino como grupo mayoritario; y el obrero. Así, comienza a dar orden al caos.

Consciente de la necesidad de transitar de gobiernos militares a civiles, y ante la naciente clase media urbana, crea el sector popular en 1943 y elimina el militar. Con ello, logra una de las transiciones más pacíficas del mundo, garantizando su permanencia sostenida hasta el día de hoy.

Durante la Guerra Fría, los gobiernos del PRI logran un manejo geopolítico magistral, administrando exitosamente su relación estratégica con Estados Unidos, y su acercamiento efectivo con la Unión Soviética, ayudando a amortiguar conflictos mayores en América Latina.

El PRI también fue un partido visionario en términos de creación de instituciones, tanto partidistas como de gobierno. Fue factor importante de apoyo en la creación de partidos en otros países de la región, aglutinando a varios en la COPPPAL, Conferencia de Partidos de América Latina.

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Fue arquitecto de muchas de las instituciones más sólidas que hoy sostienen al país, desde las Universidades Públicas, hasta el Banco de México, las instituciones de Seguridad Social, la Banca de Desarrollo, entre muchas otras.

A lo largo de su historia, el PRI tuvo la capacidad de adaptarse a las cambiantes circunstancias nacionales e internacionales. Se equivocan quienes piensan en el PRI como uno solo, como un continuum. No hay un PRI, hay tantos PRI como etapas, liderazgos y presidentes ha habido.

Pero siempre (al menos hasta antes de Peña), funcionó sobre preceptos y valores básicos. Fue el partido del diálogo y la negociación internas, del acercamiento de opuestos, de las formas como sustento del fondo, del respeto a los protocolos, de la inclusión y la representatividad.

En resumen, el gran logro del PRI fue ser el aglutinador social de un país fragmentado. Ser el constructor de una identidad nacional en un país pulverizado. Ser el arquitecto de la estabilidad de un país convulso y en crisis. Fue, construir un país desde las cenizas.

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Lamentablemente, los errores del PRI fueron tan profundos como sus éxitos. El PRI se traicionó a sí mismo y a la sociedad. Perdió sus valores y equilibrios, y con eso perdió el apoyo ciudadano.

Su gran error fue encumbrar a Peña, sin contrapesos. Fue soltar a una nueva generación sin ética ni vocación, que no fue formada en el partido. Fue traicionar la confianza ciudadana ante la segunda oportunidad de llegar al poder, con los abusos, excesos y errores de los últimos años.

Hoy la supervivencia del PRI está en juego. No es un partido del siglo XXI. Su organización en sectores y organizaciones, vanguardista y exitosa hace 90 años, hoy es un lastre de anquilosamiento. El PRI debe replantear su relación con una sociedad que lo detesta, de la mano de esa sociedad, no desde adentro como antes.

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Ni la dirigencia actual, plagada de personajes corruptos e impresentables, ni los aspirantes a sucederla, todos cuestionables, entienden la realidad. Se respira entre ellos obsolescencia e ineptitud. La mejor muestra es haber integrado a Peña a su Consejo Político Nacional.

Muchas veces se creyó muerto al PRI, y logró reinventarse. Hoy, eso se antoja poco factible. Solo con una mezcla de liderazgos probados y prestigiados -adentro y afuera-, con personajes frescos y modernos el PRI podría retomar el rumbo.

En su 90 aniversario, el partido histórico, el forjador del México actual, agoniza. ¿Seremos capaces de revivirlo? ¿Seguirá viva nuestra convicción democrática y social? ¿Lograremos rescatar el valor de nuestra estirpe?

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Voces

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