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OPINIÓN: ¿La popularidad de AMLO sube sin querer?

Hay un emisor que envía un mensaje claro por los medios adecuados hacia un receptor perfectamente definido, comenta Rodrigo Galván de las Heras.
amlo
Durante el momento más álgido del desabasto de gasolina distintas encuestas revelaron que poco más de la mitad de los mexicanos tiene una mejor percepción de la imagen de AMLO.

Nota del editor: Rodrigo Galván de las Heras es maestro en Investigación de Mercados por Georgia Tech University y Maestro en Comunicación Integral por la Universidad Complutense de Madrid. Desde el año 2010 es director general de De las Heras Demotecnia, empresa pionera en estudios de opinión pública en materia político electoral en México. Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad del autor.

(ADNPolítico) - De acuerdo con una definición en Wikipedia, “la comunicación efectiva es el acto de darse a entender correctamente, ya sea formalmente o combinado con gestos corporales adecuados. La idea es que el receptor del mensaje comprenda el significado y la intención de lo que se está comunicando”.

La comunicación ha sido una política pública fundamental y transversal que no sabemos si es el producto de un brief muy bien estructurado o de tantos años de conocer y hablarle a los mismos
Rodrigo Galván de las Heras

Tal vez esta sea la peor definición de comunicación efectiva que he leído en mi vida, pero la que mejor describe lo que está ocurriendo actualmente con el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador y su creciente aprobación; es más, parece que él escribió el concepto.

Durante el momento más álgido del desabasto de gasolina distintas encuestas revelaron que poco más de la mitad de los mexicanos tiene una mejor percepción de la imagen de AMLO. Esto me tuvo toda la semana tratando de entender dicho fenómeno: ¿cómo es posible que después de las dificultades que vivimos en esa semana la opinión de la gente sobre este personaje haya mejorado?

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Un día -gracias a un vuelo que se retrasó 4 horas- escuché una conversación de dos señoras en la sala de espera del aeropuerto y ahí me cayó el veinte. Una le decía a la otra: “es increíble este presidente, todo lo hace con las patas, esto de la gasolina ya es el colmo” y la otra mujer le contestó: “ya sé amiga, pero querían su ‘cuarta transformación, ¿no? Y todo por el robo de combustible. Eso nos va a beneficiar más adelante, pero ahorita qué lata”.

Está clarísimo, que la aprobación de AMLO se debe a su comunicación gubernamental. Hay un emisor que envía un mensaje claro por los medios adecuados hacia un receptor perfectamente definido.

El emisor: Evidentemente es el presidente de México, un gobernante que conoce su territorio al 100% y que según las encuestas cuenta con un 73% de credibilidad, algo que no se veía desde las épocas Carlos Salinas de Gortari.

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La confianza que los mexicanos tienen en el jefe del ejecutivo le da un margen de acción a este gobierno que le permite tomar decisiones impopulares para lograr un fondo sin que los gobernados cuestionen las formas: “Estas molestias de la gasolina son para resolver un problema mayor y le creo”.

El mensaje: “La corrupción, en todas sus formas es el peor enemigo de México y la voy a combatir cueste lo que cueste”. Por ejemplo: el nuevo aeropuerto tiene irregularidades, hay que cancelarlo; la inseguridad comienza con los policías corruptos, militarizar al país es la única solución; no habrá gasolina por un tiempo, pero acabaremos con los huachicoleros.

El combate a los corruptos y a la impunidad es lo que lo llevó a la presidencia y lo que tiene claro que venderá los próximos seis años.

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Los medios: La conferencia mañanera ha servido, sin duda alguna, como la principal fuente de información para los mexicanos, y no por que todos nos paremos a las 6:50 de la mañana y prendamos la televisión, sino porque lo que ahí se dice se repite durante todo el día de dos maneras: como noticia o como crítica.

“Me canso ganso”, “canallín”, “la mafia del poder”, “cállate chachalaca”, “no tengo derecho a fallar” y “por el bien de todos, primero los pobres”, son frases o palabras dichas por presidente y que todo los mexicanos conocemos y hemos escuchado por alguien que las presume o por el círculo rojo que las critica. La cosa es, según los que saben, no hay mejor medio de comunicación que el de boca en boca.

El lenguaje que se usa en la cuarta transformación es entendible, adoptable, memorable, pero sobre todo muy repetible.

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El receptor: Todo aquel mexicano que no sea un privilegiado económicamente hablando, que esté harto de los gobernantes de siempre, que sea un insatisfecho crónico y que por todo lo anterior esté buscando un cambio radical.

No necesitamos al INEGI para saber que hay más de 80 millones de mexicanos que tienen todas o casi todas las características anteriores. AMLO lo tiene clarísimo, su fuerza está en que lo entienda y lo quiera; él ha sabido sacudirse las críticas con una estrategia muy fácil, la de no escuchar lo que no viene de los suyos, de su mercado, de los que votaron por él.

En resumen, en estos primeros meses de gobierno la comunicación ha sido una política pública fundamental y transversal, que no sabemos si es el producto de un brief muy bien estructurado o de tantos años de conocer y hablarle a los mismos.

Cualquiera que sea el caso Andrés Manuel López Obrador tiene un conversación clara y directa con las mayorías y gracias a eso está muy bien posicionado entre sus gobernados. Esto lo pone en el camino de ser el presidente más querido de la historia contemporánea de nuestro país.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Voces

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