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OPINIÓN: Una nueva visión para el empresariado

Hoy más que nunca urge construir contrapesos para el gobierno; los partidos no lo serán pronto, opina Don Porfirio Salinas.

Nota del editor: Don Porfirio Salinas es híbrido de política, iniciativa privada y escenario internacional. Priista orgulloso de “el valor de nuestra estirpe” (Beatriz Paredes dixit); antagónico al Peñismo, que atentó contra esta estirpe. Convencido de la política como instrumento de construcción de país, desde cualquier trinchera. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

CIUDAD DE MÉXICO, (ADNPolítico) - El pasado 18 de enero fue elegido por unanimidad el nuevo Presidente del Consejo Coordinador Empresarial, organización cúpula del empresariado mexicano. El 27 de febrero tomará protesta oficial Carlos Salazar, ante la presencia del Presidente de la República.

Este cambio de mando parece implicar, también, un importante cambio de timón en la manera de conducirse y de tomar de decisiones de la comunidad empresarial. Podría incluso llegar a ser un cambio de paradigma ante las desatinadas decisiones políticas recientes de la cúpula empresarial.

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Son de todos sabidos los constantes errores que se cometieron desde las cúpulas empresariales durante el pasado proceso electoral presidencial. Errores, en su mayoría, impulsados por un pequeño de grupo de empresarios poderosos movidos por sus fobias e intereses personales.

La cooptación de las decisiones empresariales por este pequeño grupo generó importantes divisiones al interior. Pero, sobre todo, refrendó lo que muchos empresarios no quieren ver: la total desconexión que tienen con la sociedad.

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Las acciones que emprendieron desde el sector empresarial contra el hoy presidente durante las campañas, confirmó la percepción de buena parte de la sociedad de algunos mitos: los empresarios son compinches del sistema anquilosado, y solo buscan beneficios personales.

Generalizar estas suposiciones es injusto e incorrecto. Sin embargo, fue claro que pudieron más esos empresarios de dudosa reputación, que la mayoría del empresariado. Esto afectó de manera importante la ya escasa legitimidad social del empresariado como posible contrapeso.

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Lo que las cúpulas empresariales no quisieron entender es que sufrían exactamente del mismo mal que el PRI y el PAN; y lamentablemente replicaron los mismos errores que ambos partidos cometieron.

El alto empresariado, como el PRI y el PAN, no contaba ni con la confianza ni con el respaldo de la sociedad en general. El distanciamiento generado por años de perseguir agendas individuales, de optar por la cómoda cercanía con los gobiernos en turno, y de obstaculizar acciones sociales y laborales de avanzada, hizo crisis ante la campaña de cambio del hoy presidente.

El enfrentamiento abierto que decidieron tener antes y durante las elecciones se antojó más visceral y movido por temores de pérdida de influencia que por razones sustentadas, alimentando así su mala imagen ante la amplia base social de apoyo de López Obrador.

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Inevitablemente, el empresariado se puso en la misma caja que el PRI y el PAN: los causantes de los males del país, los que no estaban dispuestos a perder privilegios, los que a toda costa buscarían descarrilar el proyecto que tanto amenazaba su subsistencia.

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Esto fue negativo no solo para el empresariado, particularmente los que no estuvieron de acuerdo; fue nocivo para nuestra democracia. Cancelaron la posibilidad de generar debate público que realmente contrastara y evidenciara algunos de los errores del entonces candidato. Lo ayudaron a consolidarse.

En todo este escenario, los grupos empresariales más sólidos de Nuevo León poco a poco fueron perdiendo la paciencia ante las malas decisiones de las dirigencias nacionales. Sin embargo, por años habían dejado un vacío en la conducción de las cúpulas empresariales.

A partir de finales del año pasado, y ante la clara incapacidad de las cúpulas de ponerse de acuerdo, Nuevo León planeó su regreso para tratar de corregir el errado rumbo. Y llegan justo en el momento que más se necesita un cambio de visión, aunque a muchos viejos empresarios no les gustó.

El empresariado debe entender, con urgencia, que para erigirse como interlocutor válido del presidente con más apoyo social de la historia, y para construir el urgente contrapeso social que requerimos, debe primer relegitimarse ante la sociedad misma. Esto solo es posible con una cultura empresarial como la de Nuevo León.

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Es histórica la visión social del empresariado nuevoleonés y profundo el orgullo de los regiomontanos de trabajar en sus empresas. Desde épocas gloriosas como la de Don Eugenio Garza Sada, las empresas regias has invertido mucho en su gente y en su comunidad.

Pocos recuerdan, por ejemplo, que el INFONAVIT nace retomando muchas de las prácticas del empresariado regio, que construía colonias enteras para sus trabajadores. O que el IMSS también retomó prácticas importantes de seguridad social de Nuevo León.

Pero también está la visión país. Nuevo León es el único estado con una Ley de Planeación Estatal que mandata la creación de un Consejo de Planeación a largo plazo. Los planes son a 15 años, y los gobiernos entrantes están obligados a respetar las bases que elabore el Consejo Nuevo León.

Fue el empresariado el que, durante la dura crisis de violencia que vivió el estado de 2010 a 2012, propuso y financió la creación de la Fuerza Civil, uno de los ejemplos más importantes de pacificación en el país.

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Fue también el empresariado el que, ante la incapacidad de diálogo entre el entonces gobernador Rodrigo Medina y el presidente Felipe Calderón, lideró los esfuerzos de procuración de fondos federales y privados para la reconstrucción del estado después del paso del huracán Alex.

En estos tres episodios, Carlos Salazar fue una figura clave, impulsando la Ley de Planeación, presidiendo el Consejo Nuevo León, y ayudando a organizar los esfuerzos del empresariado tanto en la Reconstrucción como en la Fuerza Civil.

Nuevo León es sede de la mayoría de las empresas más globales de México. Tal vez es esa experiencia la que les permitió también desarrollar esta cultura de responsabilidad social y visión de país. Entienden que, sin un país próspero y equitativo, no hay negocio.

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Hoy más que nunca urge construir contrapesos para el gobierno. Los partidos no lo serán pronto. Solo en el sector privado están los recursos necesarios; faltaba la visión. Con el nuevo liderazgo del CCE y del empresariado nuevoleonés, esa nueva visión por fin se ve posible.

Lo dijo Larry Fink de Blackrock hace un año: “la sociedad está demandando que las empresas, públicas y privadas, sirvan un propósito social”. Ya es tiempo de hacerlo en México.

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