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OPINIÓN: No es la mayoría, son los contrapesos

A los partidos políticos les urge conformarse como un verdadero contrapeso del Gobierno y las diversas autoridades elegidas por el voto popular, opina Don Porfirio Salinas.

Nota del editor: Don Porfirio Salinas es híbrido de política, iniciativa privada y escenario internacional. Priista orgulloso de “el valor de nuestra estirpe” (Beatriz Paredes dixit); y antagónico al régimen actual, contrario a esta estirpe. Convencido de la política como instrumento de construcción de país, desde cualquier trinchera. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

(ADNPolítico) – A partir de la elección, y en particular a partir de la instalación del Congreso, se ha dado una andanada pública de críticas a la coalición de Morena por la histórica mayoría que logró en las elecciones. Muchos incluso están comparándola con la época del partido hegemónico del PRI.

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Resulta interesante de estas críticas que asumen algunos supuestos: que hasta antes del 1 de septiembre teníamos un Congreso que era un contrapeso real del Poder Ejecutivo; y que solo el Congreso puede ser el contrapeso del Ejecutivo.

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La primera suposición es sencilla de derribar, ya que durante los últimos seis años el Poder Legislativo se caracterizó por claudicar a su rol de contrapeso, aún siendo un Congreso relativamente dividido. En la LXII y LXIII Legislaturas se dedicaron a aprobar todo lo que enviaba el Ejecutivo, empezando por las reformas estructurales, a cambio de beneficios y prebendas.

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La segunda implica mucho mayor análisis, un análisis ausente en la comentocracia actual y que es realmente el elemento central que deberíamos buscar: el problema en México no ha sido que un gobierno tenga o no mayorías, el problema real es que en nuestro país no hemos construido los contrapesos reales que cualquier gobierno debe tener, que son los sociales.

México se caracteriza por ser uno de los países con los menores índices de participación ciudadana a nivel internacional. Eso define en buena medida la calidad del sistema político actual, ya que como sociedad no hemos construido los incentivos correctos para un sistema político de mayor calidad.

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Los países con mayores niveles de crecimiento, ingreso y desarrollo se caracterizan por tener sociedades informadas y participativas; y los países que han logrado dejar atrás épocas de enorme conflicto han tenido puntos de inflexión en los que nace una ciudadanía participativa y activa.

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México ni es un país desarrollado, ni ha logrado dar la vuelta a su peor etapa de violencia y conflicto, en buena medida por la baja participación social en los asuntos más relevantes del país.

Por supuesto que es de preocupar que el Gobierno electo tenga tan altos niveles de mayoría que logró en las elecciones, pero los logró de manera democrática y con un apoyo social inédito. Ante esto, no es suficiente mantenerse solo en la exigencia al presidente electo como único responsable de asegurar los equilibrios en la toma de decisión.

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Hoy, más que nunca, debemos entender que el rol de la sociedad es fundamental para que el Gobierno, del partido que sea y con o sin mayoría, realmente entienda y represente los intereses, necesidades y demandas ciudadanas. Para ello, es urgente construir contrapesos sociales.

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Lo primero que debemos entender para tener contrapesos efectivos, es que estos contrapesos deben estar perfectamente legitimados ante la sociedad; hoy ningún posible contrapeso lo está.

Por ejemplo, el sector privado, particularmente el cupular, debería ser un contrapeso por naturaleza, pero tiene el mismo problema que los partidos: está desconectado y distanciado de la sociedad, envuelto en una realidad distinta a la que vive la mayoría del país.

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Para que el sector privado se erija como un interlocutor válido para el Gobierno entrante, es fundamental que realice un sondeo amplio de la opinión que tiene el ciudadano promedio y, sobre esa base, construya una narrativa con acciones concretas que le permita demostrar a la ciudadanía que su interés real es el país.

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El alto empresariado debe demostrar, con hechos, que tiene no solo una visión de hacer negocios, sino una visión social del futuro del país, y que está dispuesto a poner de su parte en la construcción de ese país. Solo así podrá legitimarse ante la sociedad como un verdadero contrapeso.

Algo similar sucede con el sector social, es decir, las organizaciones de la sociedad civil y los centros de pensamiento. Lamentablemente, muchas de estas organizaciones se han enfrascado en una guerra de protagonismos, evitando así que sus causas puedan ser alcanzadas mediante trabajo conjunto. Eso ha impedido que cuenten con un verdadero aval de la sociedad.

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En 2016 tuvimos el gran ejemplo de las organizaciones que pusieron sobre las rodillas al Legislativo para concretar la primera etapa de leyes secundarias de la Reforma Anticorrupción. Pero por la división interna y los protagonismos, no se mantuvieron cohesionados para lograr la segunda etapa legislativa, aún más compleja que la primera, dejando cojo el Sistema Nacional Anticorrupción. Una historia similar se ha vivido con las organizaciones de combate a la inseguridad.

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Hoy, las organizaciones sociales deben demostrar que sus agendas particulares no son más grandes que los intereses y pendientes de la sociedad. Que están dispuestas a trabajar en conjunto, aunque eso implique dejar de lado protagonismos, para funcionar como un verdadero contrapeso que proponga y construya, y que obligue a la rendición de cuentas del Gobierno y las autoridades.

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A los partidos políticos también les urge conformarse como un verdadero contrapeso del Gobierno y las diversas autoridades elegidas por el voto popular. Los partidos hoy no cuentan con la menor legitimidad social, y eso ha demeritado demasiado la percepción pública de la política. Han sido compinches de corruptelas y malos gobiernos, en lugar de sus principales contrapesos.

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Hoy, los partidos deben reconstruirse desde afuera hacia adentro, de la mano de la sociedad. Escuchando y entendiendo lo que la gente busca en los partidos para sentirse representados. Y deben ser los primeros instrumentos de control y rendición de cuentas de sus propios gobiernos.

Finalmente, están los medios de comunicación, que hoy tienen muy bajos niveles de credibilidad por los excesos que muchos han cometido, y los descarados apoyos que han dado a distintas autoridades y gobiernos a cambio de grandes cantidades de publicidad contratada.

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Los medios son un instrumento indispensable para la democracia y deben actuar con gran responsabilidad para legitimarse ante la sociedad y recuperar esa credibilidad perdida.

Debemos entender que la mayoría también es democracia, y que el único contrapeso de cualquier gobierno es el social; pero para ello, es indispensable contar con legitimidad ante la sociedad. El país lo construimos todos, no solo el Gobierno.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Voces

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