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OPINIÓN: El sindicalismo en la 'cuarta transformación'

Los excesos abiertos y la falta de una agenda real de apoyo a los trabajadores mexicanos ha demeritado de manera importante la imagen pública de los sindicatos, señala Don Porfirio Salinas.
Sindicatos en México
1 de mayo Sindicalistas ferrocarrileros, pilotos, maestros, entre otros marcharon de Eje Central al Zócalo capitalino para exigir las respectivas mejoras en sus áreas de trabajo, esto con motivo de una conmemoración más del Día del Trabajo.

Nota del editor: Don Porfirio Salinas es híbrido de política, iniciativa privada y escenario internacional. Priista orgulloso de “el valor de nuestra estirpe” (Beatriz Paredes dixit); y antagónico al régimen actual, contrario a esta estirpe. Convencido de la política como instrumento de construcción de país, desde cualquier trinchera. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

(ADNPolítico) – Si hay un poder fáctico en México que ha dañado profundamente a partidos, gobierno, empresas y sociedad, es el sindicalismo. El movimiento sindical mexicano ha sido de los más poderosos de América Latina y ha sabido sobrevivir a todas las etapas recientes de la vida política del país.

El sindicalismo en México tuvo un papel fundamental en la política, sobre todo desde que fue institucionalizado como uno de los tres pilares del PRI: la Confederación de Trabajadores de México (CTM), la otrora central única de sindicatos.

Si bien las luchas sindicales por momentos han resultado en beneficios laborales para diferentes gremios, la realidad es que los sindicatos han resultado un inquebrantable dique para la modernización del país, y una fuente aparentemente inagotable de poder, votos y recursos para diferentes partidos y gobiernos.

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Dentro de la estructura clientelar y corporativista que caracterizó a buena parte de la era del sistema hegemónica priista, los sindicatos jugaron un rol fundamental gracias a sus niveles de organización, y a su capacidad de cooptación.

Ningún partido político en México se puede decir ajeno a la colaboración electoral con el sindicalismo. No ha sido solo el PRI con la CTM el que ha jugado a esta alianza. El PAN durante sus años en el poder presidencial dio rienda suelta a sindicatos como el SNTE, o al SNTSS (Seguro Social). Y qué decir de las alianzas entre el PRD y la una vez famosa UNT de Hernández Juárez.

Curiosamente, el único presidente que ha hecho algo por limitar el poder sindical en la historia reciente fue Carlos Salinas. Más allá de los famosos golpes al Sindicato Petrolero y al SNTE, durante el mandato de Salinas se realizó la reforma más importante al sindicalismo, que permitió la creación de sindicatos independientes. Antes, ningún sindicato podía existir si no era miembro de la poderosa CTM. Es con esa reforma justamente, que se hace posible la creación de la UNT.

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Lamentablemente, con la llegada de Zedillo se da un reblandecimiento gubernamental y el sindicalismo comienza a recuperar algo de terreno. Pero es con la llegada de Vicente Fox que los sindicatos vuelven a tener rienda suelta, encumbrándolos como uno de los máximos poderes fácticos del país. Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, aunque de manera distinta, continúan la tendencia de refortalecimiento sindical, en detrimento de la apertura democrática del país.

OPINIÓN: La Maestra, ¿reloaded?

Morena no se queda atrás, y desde antes de su creación como partido formal, genera alianzas sindicales con centrales altamente cuestionadas, como el SME y la CNTE, que mantiene durante el proceso electoral que finalmente lleva a Andrés Manuel López Obrador a ser hoy presidente electo.

Desde el punto de vista electoral, los sindicatos eran estructuras efectivas de movilización, coerción y compra de votos para el mejor postor. Durante décadas fueron fieles al PRI; con el surgimiento y crecimiento de la competencia electoral flexibilizaron sus ideales para trabajar con el partido o líder político que más les conviniera. Incluso, muchos de ellos hoy juegan a diversificar sus apoyos a varios partidos.

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Sin embargo, el poder electoral de los sindicatos hace tiempo que dejó de ser factor determinante en los resultados electorales. Hoy, los sindicatos son organizaciones heterogéneas que no tienen ya la capacidad de asegurar un voto masivo para quién contrata sus servicios electorales.

Aún así, los liderazgos sindicales siguen cobrando caro su apoyo. El reparto de posiciones políticas y cargos de elección que hacen los partidos a líderes sindicales no es gratuito, es recompensa al “financiamiento” ilegal que les otorgan.

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Es bien sabido el rol de Romero Deschamps en la elección de 2000 y en la de 2018; el papel financiador de Joel Ayala con los recursos de la FSTSE, que incluso le permite imponer a sus novias en turno en cargos de elección y ausentarse por amplias temporadas por sus “desintoxicaciones”; no es desconocida la capacidad de Víctor Flores de los Ferrocarrileros; y ni qué decir del poderío que tuviera la hoy liberada Maestra con el SNTE.

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Pero los excesos abiertos, y la falta de una agenda real de apoyo a los trabajadores mexicanos ha demeritado de manera importante la imagen pública de los sindicatos. Los líderes sindicales ya no representan a sus agremiados. Hoy, el gobierno electo tiene la gran oportunidad, y el respaldo social necesario, para tomar decisiones contundentes y rápidas que ordenen al sindicalismo.

Si el presidente electo realmente quiere lograr una "Cuarta Transformación de México", reformar al sindicalismo es una tarea fundamental e impostergable. Es el momento de realizar la tan aplazada modernización sindical que permita flexibilizar los mercados laborales y darle certidumbre a la economía del país.

Son muchas las tareas pendientes. Habría que empezar por profundas modificaciones constitucionales para lograr la libertad sindical, eliminando incluso la obligación de pertenecer a un sindicato.

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Es urgente realizar la democratización sindical, imponiendo reglas claras y transparentes para la elección de dirigencias sindicales, y prohibiendo la posibilidad de cargos vitalicios a través de reelecciones infinitas.

Es fundamental impedir que los “líderes” sindicales, particularmente de instituciones públicas, tengan la capacidad de repartir plazas sin ton ni son, como las famosas prácticas de Víctor Fuentes del Sindicato de Electricistas de la CFE, conocido por hacer recorridos atrás de las oficinas centrales en su lujoso auto, otorgando plazas a las mujeres que más atractivas le resultaran.

Y por supuesto, es urgente asegurar que las disposiciones de la Reforma de Transparencia en cuanto a las finanzas sindicales sean aplicadas; además de dar certeza del uso de las cuotas que pagan los empleados. Hoy hay una discusión por demás histórica en la Suprema Corte de Estados que sentará un precedente mundial en materia de financiamiento de sindicatos públicos, México tendría que estar pendiente y actuar en consecuencia.

Los sindicatos deben convertirse en verdaderas organizaciones representativas de los intereses de los trabajadores y en instrumentos de modernización de los mercados laborales. Es el momento de actuar.

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