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OPINIÓN: La última alternancia

Así como es histórico que los candidatos a la presidencia perdedores aceptaran su derrota, resulta alarmante la distancia que hay entre esas reglas y las que se juegan a nivel local, opina Martín Gou.

Nota del editor: Martín Gou estudió Ciencia Política en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Síguelo en Twitter en @FMGou . Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(ADNPolítico) – ¿Qué esperábamos de estas elecciones? A unas horas de concluida la jornada electoral vale la pena hacernos esa pregunta. Más allá de las personalísimas respuestas, hay algunas cuestiones que vale la pena resaltar, y es que es linda la sensación de que, con todo y todo, es la misma ciudadanía la que castiga con su voto que la que los cuenta.

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El país que registró un 18% de satisfacción con la democracia (según los datos del Latinobarómetro 2017 y siendo la media para América Latina de 30%) contó con 1.4 millones de funcionarias y funcionarios de casillas que, mientras escribo estas líneas, seguían contando los votos. Y fue ese mismo país que presentó tan solo un 9% (la media para América Latina es de 15%) de confianza en los partidos políticos, el que salió a castigar a las tres principales fuerzas políticas.

La temible “maquinaria” se presentó solo en las encuestas que sobreestimaron al candidato priista y los mercados, esas placas tectónicas susceptibles al pánico, no sorprendieron a nadie. Claro, la tragedia ya había sucedido con los 114 políticos asesinados… pensar que creíamos que podía pasar algo peor que eso. Así como es histórico que los candidatos a la presidencia perdedores aceptaran su derrota –y con ello las reglas del juego–, resulta alarmante la distancia que existe entre esas reglas y las que se juegan a nivel local.

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La victoria de Andrés Manuel López Obrador trae detrás una carrera de largo aliento acompañada de mucho trabajo a nivel local. Frente al discurso de que la técnica podía salvar a la técnica o al de que la tecnología podía salvar a todo lo demás, se impuso el oído de las causas.

nullLa esperanza no viene, aún, de las soluciones, proviene de hablar de los excluidos y de los corruptos, del alto precio de seguir con las mismas estrategias de gobierno. La cuarta transformación que augura el nuevo presidente es, antes que nada, nuestra última alternancia.

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Por lo pronto nos fuimos a descansar habiendo discutido varias encuestas de salida y agregadores, conociendo los resultados del conteo rápido y sabiendo que el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) está aglutinando información. Al menos en lo federal, el consenso sobre las reglas y no sobre los resultados parece una realidad.

Dicho lo anterior, y sin soltar el tema de las condiciones adversas en los procesos locales, es momento de distinguir cuáles son los retos para nuestra democracia y cuáles de nuestra democracia. Sobre los segundos, está elección nos ha dejado algo claro: las instituciones representativas no pueden construirse solo para defender privilegios.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Voces

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