OPINIÓN: El tercer debate y la definición de Anaya

El próximo sexenio tendría que ser el sexenio del pago de promesas de campaña y de un interminable bagaje de proyectos realizables, opina Iván Franco.
Las acusaciones de corrupción dominaron el tercer debate presidencial

Nota del editor: Iván Franco es fundador y director de la consultora de inteligencia competitiva Triplethree International. Síguelo en su cuenta de Twitter @IvanFranco555 .Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(ADNPolítico) – El tercer debate fue el más importante por el contexto y porque nos ayudó a entender si habrá o no cambios de estrategia en la carrera presidencial.

A mi parecer, el punto fundamental del debate es la definición de Ricardo Anaya de contender hasta el final, a pesar de los problemas legales y extralegales que le están acompañando.

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Algunas voces sugerían la posibilidad de una alianza cupular para forzar una declinación a favor de José Antonio Meade. Pero ya vimos que esto no ocurrirá, Anaya irá hasta el final, siempre que no se le atraviese otra piedra en el camino. La gran contradicción e ironía de la vida es que el PRI y el PAN están hoy más separados que nunca. Esto, sin duda, le favorece al candidato puntero, quien asegura el triunfo.

Ricardo Anaya llegó al debate desencantado y visiblemente afectado por los ataques que recibió durante los días previos. No obstante, se sobrepuso y comenzó ganando, para después desinflarse y tener un cierre simplemente gris.

Los momentos más destacados del tercer y último debate presidencial

Andrés Manuel López Obrador comenzó el debate cediendo ante Anaya, pero con el paso de los minutos, pudo atajar los ataques y responderlos de forma suficiente, administrando su ventaja con efectividad.

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En mi columna anterior comenté que el candidato de Morena llega a los debates con una ventaja natural, no solo por su dominio en las encuestas, sino por dos elementos clave en esta elección, que son, el diagnóstico de la situación del país y la credibilidad que manifiesta.

Ricardo Anaya, fiel a su estilo, comenzó seguro y asertivo en su discurso, lanzando una y otra propuesta, emitidas con mensajes efectivos para la audiencia.

No obstante, producto de su propia desesperación, Anaya fue también el candidato que más errores cometió durante el debate. Un error en el debate significa que el candidato se resta puntos a sí mismo, a causa de alguna intervención poco creíble, algún ataque hacia otro candidato, o bien, por falta de credibilidad de sus propuestas.

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José Antonio Meade, por tercera ocasión, no logró hilar mensajes concretos ni contundentes. Aunque mostró un par de propuestas, cometió más errores que le restaron puntos. Durante momentos estuvo completamente perdido en el debate. Parece ser que ya aceptó el hecho de que su desventaja no se puede remontar.

Celulares, películas, el FBI y hasta saludos a la Selección, en el tercer debate

Jaime Rodríguez Calderón mostró un buen desempeño si consideramos a lo que nos tiene acostumbrados. Aunque evidenció dificultad para articular sus propuestas y con errores de discurso, 'El Bronco' tuvo más aciertos que errores y, sin duda, este fue su mejor debate, superando incluso a José Antonio Meade.

¿Quién ganó y quien perdió el debate?

El debate se gana maximizando los aciertos y minimizando los errores. Pero, más importante aún, con claridad y efectividad en la comunicación del mensaje. Partiendo de un análisis propio de conteo de aciertos y errores, los resultados ponen a Andrés Manuel López Obrador como el ganador; a Jaime Rodríguez Calderón, como segundo lugar; Ricardo Anaya, tercero y, José Antonio Meade, en el fondo.

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López Obrador no cometió errores importantes. Sin embargo, queda pendiente una amplia explicación sobre cómo se financiarán sus propuestas de campaña con el presupuesto actual. Si efectivamente se levanta con el triunfo, el periodo de transición debería servir para aterrizar algunas de las propuestas de campaña y trabajar en el presupuesto y en las propuestas de proyectos.

Los aciertos de Ricardo Anaya incluyen su propuesta sobre administrar el IEPS a la gasolina, su diagnóstico sobre los programas sociales, con todo y la ambivalencia del ingreso básico universal. Y, sus propuestas en materia de energías limpias, particularmente, la generación de energía eólica y la infraestructura de paneles solares en los hogares. No obstante, erró con su propuesta sobre el idioma inglés en las escuelas y un programa contra la diabetes, que parecieron discursos improvisados y poco creíbles.

La economía, el principal tema del tercer y último debate presidencial

Los aciertos más palpables de López Obrador se relacionan su diagnóstico en materia de corrupción y educación, al argumentar, por un lado, que donde no hay corrupción no hay pobreza, poniendo como ejemplos a algunos países europeos. Y, por otro lado, al argumentar que la reforma educativa, tal y como está, no resuelve el problema de fondo del retraso educativo en el país.

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Entre los aciertos de 'El Bronco' sobresalen sus propuestas en materia de salario mínimo y la relación del salario con el sistema de seguridad social; la educación a distancia y el enfoque en el sistema de educación técnica. El más importante de sus aciertos fue proponer un achicamiento del sector público; sin duda, una propuesta de alto calibre, que en México todavía no se logra entender.

Finalmente, este debate nos deja en claro que los candidatos no son expertos en las distintas materias de gobierno, ni siquiera Meade, quien fue cinco veces secretario.

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El ganador de la elección presidencial tiene ante sí el enorme reto de trabajar con mayor rigor analítico y con orden, en un plan de trabajo y de presupuesto para cumplir con sus propuestas. Además, allegarse a las personas indicadas y serias que puedan administrar los proyectos de gobierno con responsabilidad y pulcritud.

El próximo sexenio tendría que ser el sexenio del pago de promesas de campaña y de un interminable bagaje de proyectos realizables. Veremos.

¿Quién ganó el debate?

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