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La muerte un periodista en el nuevo sexenio daría una muy mala señal: Palou

El escritor, quien convierte a una periodista amenazada en la protagonista de su nueva novela, exige compromisos del Estado con el gremio y que sus asesinatos dejen de verse solo como una estadística.
Pedro Ángel Palou
Pedro Ángel Palou es originario de Puebla, donde nació en 1966. A lo largo de su trayectoria, ha escrito novelas históricas de figuras como Porfirio Díaz, Emiliano Zapata y Lázaro Cárdenas.

CIUDAD DE MÉXICO (ADNPolítico) - Aunque habituado a la novela histórica, el escritor Pedro Ángel Palou decidió alejarse de ese género en su más reciente libro, Todos los miedos, para contar la historia de una periodista que investiga redes de prostitución y trata en el México actual, y quien vive amenazada por aquellas personas exhibidas o potencialmente afectadas por sus reportajes: desde jefes criminales hasta funcionarios de alto nivel.

¿Por qué escribir sobre este tema en este momento de la vida del país? Porque es necesario mostrar que la situación por la que atraviesa la protagonista de esta ficción, Daniela Real, es similar a la que padecen otros periodistas, así como redoblar la exigencia para que el Estado garantice que los comunicadores puedan ejercer su trabajo en condiciones de seguridad, señala el autor.

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Originario de Puebla, donde nació en 1966, Palou sabe que las agresiones con frecuencia provienen de las propias autoridades. Como ejemplo, cita el caso de las violaciones a los derechos humanos que la administración del entonces gobernador, Mario Marín, cometió en contra de Lydia Cacho a finales de 2005 .

De hechos como ese no solo tomó elementos para dar verosimilitud a su novela, sino para lanzar un llamado al gobierno que encabezará Andrés Manuel López Obrador —quien ha prometido pacificar al país—, para tomar acciones para proteger a los periodistas.

“(El libro) también es una llamada de atención a que el Estado, en este momento particular, después de más de 100 periodistas muertos, tiene como uno de sus compromisos proteger a los periodistas, protegerlos en serio. Un periodista más muerto ahora en el nuevo sexenio hablaría muy mal, hablaría de que entonces no ha cambiado la voluntad (...) de proteger la integridad física del periodista”, dice.

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Autor de novelas como Zapata, Pobre patria mía y Tierra roja, Palou habla con ADNPolítico de qué inspiró Todos los miedos y de los retos que ve para un país marcado por la violencia.

Aquí está la entrevista completa.

¿Por qué elegir a una periodista como protagonista de la novela?
Era obligado. Si vas a tratar un momento como este en México, podías haber elegido cualquier personaje, pero que fuera una mujer periodista, no solamente un periodista, una mujer periodista, para mí era muy importante. Porque si de por sí el oficio de periodista es frágil y sus únicas armas son la verdad y la palabra, ser mujer es mucho más difícil, sobre todo una mujer que hace reportaje de fondo. Normalmente, tu jefe de sección es hombre, el director del periódico es hombre; si te dedicas a la fuente judicial, toda la gente con la que vas a interactuar son hombres. Vives bajo amenaza, acoso permanente. Entonces, yo quería poner a mi protagonista en una situación límite, una situación límite real en la que viven muchas periodistas, no es que me la esté inventando. Están Lydiette Carrión, con su trabajo sobre feminicidios en el Estado de México, o Daniela Rea. De hecho, por eso hago el homenaje, la casi homonimia. Lo que quiero indicar es que es real, es tan real que a todas las mujeres periodistas les puede pasar, pero también a todas las mujeres.

Si de por sí el oficio de periodista es frágil y sus únicas armas son la verdad y la palabra, ser mujer es mucho más difícil, sobre todo una mujer que hace reportaje de fondo".

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Sobre el otro protagonista, Fausto Letona, un expolicía deshauciado que asume la misión de tratar de proteger a Daniela, ¿está inspirado en alguien o representa un símbolo, un renegado que se rebela contra el sistema?
Me interesaba mucho la función del renegado, del que dice: “Esto no puede seguir. Yo he prestado mis servicios al mal desde el sistema y desde el poder haciendo ‘justicia’, y ahora que no puedo hacer otra cosa porque estoy deshauciado, voy a cambiar”. Esa es la motivación del personaje y la necesidad del novelista de dar una dimensión tridimensional a los personajes para que no parezca absurdo o casual su presencia. Por otro lado, cuando yo estaba a punto de escribir, empezaron a aparecer estos casos aislados de vengadores anónimos. El primer caso que pongo en la novela es real; es una persona que viene en el autobús de Metepec y se echa a cuatro, interrumpe un asalto pero mata a los cuatro asaltantes y les dice a los demás pasajeros: “No me delaten, yo les salvé la vida o por lo menos la bolsa”.

La novela tiene muchas referencias a la realidad próxima: Genaro García Luna, Jesús Murillo Karam, el caso Ayotzinapa. ¿Cuál es la intención al dar esta sensación de actualidad?
Yo sentía que con tantito que se distanciara de la realidad la novela, se empezaba a convertir en una especie de obra en otro sentido literaria, a estetizar la realidad, edulcorarla, romantizar a algunos de los personajes como héroes. Y los ciudadanos en México estamos haciendo hasta con nuestros celulares un ejercicio de documentación de la realidad, no moroboso, instantáneo, que no juzga. Yo quería que hubiera eso, narrativamente quería que hubiera esa misma idea.

Todos los miedos
'Todos los miedos', publicada por editorial Planeta, inicia con una advertencia: "Los personajes de esta novela son seres de ficción, producto de la imaginación de su autor. Cualquier semejanza con la realidad es culpa de la realidad. El país y la Ciudad de México desafortunadamente sí son verdaderos, y crueles".

En la primera mitad de la novela se lee esta frase: “Decir que algo huele a podrido en México es una banalidad terrible”. Para usted, ¿qué es lo que más huele a podrido ahorita?
Esta frase está jugando con Hamlet: “Algo huele a podrido en Dinamarca”. Aquí lo que está más podrido es el sistema mismo. Cuando nos enfocamos en la corrupción, nos distraemos en lo más importante, que es la impunidad. La corrupción se alimenta de la impunidad, pero la impunidad es lo que hay que atacar y eso es lo más complejo. Lo vivió Italia después del asesinato de Aldo Moro (exprimer ministro), cuando se hizo famosa la operación Manos Limpias que han intentado reconstruir otros países, como Colombia. Y si limpias significa limpias: sacas desde el Consejo de la Judicatura hasta ministerios públicos y luego fortaleces el Estado de derecho y las leyes y las haces aplicar, o todo lo otro va a seguir ocurriendo. Esto como mexicano te da una profunda desesperanza. Ahorita estamos hablando, y si esta entrevista la hubiéramos hecho ayer, a lo mejor no hubiéramos podido incluir la sentencia a Javier Duarte.

¿Huele a impunidad, a podrido, esa sentencia de solo nueve años de cárcel?
Huele a un pacto, a que él traía un as bajo la manga. Él sabía que al final podía pactar. No podemos irnos con la finta y decir que él no era pez gordo y, de pronto, saca una sentencia en fast track con la que es lógico que no va a durar los nueve años. Después va a pasar que por muy buen comportamiento en tres años se va a ir a gozar a Londres de su fortuna, y le dan una multa de 60,000 pesos, y aunque le incauten 20 propiedades, no es de ninguna manera equivalente al daño que hizo en Veracruz. Destruyó el tejido social, mató periodistas o por lo menos estuvo en connivencia con el crimen organizado para la muerte de periodistas. Yo no soy un juez y no puedo asegurar que él los mandó matar, pero el estado se destruyó, se destruyó la verdad, la transparencia.

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¿Y cómo cree que se puede limpiar eso que está podrido?
Creo que solamente puede ocurrir si hay voluntades colectivas, mediante ejercicios comunitarios, empezando por recuperar barrios, lugares. Tiene que empezar no por los contenidos sino por los territorios; estas guerras se ganan o se pierden por territorios. La Ciudad de México estaba en un momento, hace ocho años, de bastante tranquilidad, pero hoy está perdiendo distintas zonas: el Centro Histórico, Tláhuac, las islas de la UNAM, Iztapalapa. Tenemos que ir recuperando colectivamente las zonas de convivencia, y la primera zona de convivencia es el barrio.

Y tenemos que presionar colectivamente. Si hubo un voto masivo por un partido, tenemos que presionar para que se hagan bien las cosas (...) Hay que acompañar a este gobierno que está proponiendo cambios radicales. Yo tengo esperanza en la Secretaría de Gobernación. Me parece fascinante, desde un punto de vista político, que ( Olga Sánchez Cordero, futura secretaria ) se haya atrevido a empezar dando estas declaraciones tan contundentes antes de tomar posesión: eutanasia, derecho de la reproducción, legalización de las drogas. Es como para ir armando el camino a lo que van a ser las reformas legislativas. Quiere decir que la señora, que conoce el sistema, sabe que si no empieza a abrir la pinza desde ahorita no les va a alcanzar el tiempo.

¿Qué opina de la llamada “cuarta transformación”?
No me gustan los nombres. No me gusta que el presidente electo construya una narrativa demasiado grandilocuente, juarista, cardenista, maderista, con esos tres grandes referentes. Insistir en la “cuarta transformación” no le hace ni bien ni mal al asunto, pero entiendo también que es la necesidad de una narrativa colectiva, y si algo ha faltado en los últimos sexenios es una narrativa, una idea clara de qué quiero hacer. Me da miedo lo de la “prensa fifí”, que le des un beso a una reportera para no contestarle, eso sí me preocupa, pero tengo mucha confianza. Tiene una responsabilidad histórica brutal, tenemos una esperanza gigantesca, y creo que sí se van a dar pasos fundamentales. No toca al gobierno electo y en su momento en funciones, ni a nosotros hoy, juzgar si va a haber una cuarta transformación histórica. Como pretensión política es muy encomiable, pero eso no le corresponde a él ni a nosotros saberlo.

No me gusta que el presidente electo construya una narrativa demasiado grandilocuente, juarista, cardenista, maderista, con esos tres grandes referentes".

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De vuelta a la novela, ¿en quién está inspirado el personaje de Gerardo Careaga, el subprocurador con el que lidia la protagonista?
Es una amalgama, porque los hemos visto a todos actuar. Lo irónico es que es un subprocurador especial que debería proteger a los periodistas, pero se burla de ellos, no les da información… Lo que pasa todos los días. Entonces, (el libro) también es una llamada de atención a que el Estado, en este momento particular, después de más de 100 periodistas muertos, tiene como uno de sus compromisos proteger a los periodistas, protegerlos en serio. Un periodista más muerto ahora en el nuevo sexenio hablaría muy mal, de que entonces no ha cambiado la voluntad explícita de acompañar el proceso de transparencia periodística y proteger la integridad física del periodista. También veo muy lamentable que hablemos ya nada más siempre de estadísticas: “El noveno periodista muerto en Chiapas”. Y tienes que ir al cuarto párrafo de la nota para que te diga el nombre. Ahí como medios se está haciendo un daño enorme. Si no le ponemos nombre y apellido a la muerte, nosotros mismos estamos haciendo un eufemismo. Hasta hace minutos, esa persona vivía; no es un cadáver ni una estadística.

Y en esta búsqueda de cambios y soluciones para los problemas de México, ¿la literatura de qué forma puede ayudar?
Es obvio que esta novela es muy particular, pero no le podemos pedir a los escritores que hagan una tesis o que sostengan en un libro una mirada particular sobre México. Lo cierto es que incluso en una novela intimista, el novelista puede, por ejemplo, develar lo que afecta en la relación humana vivir en este momento y en este contexto (...) Tú puedes hacer una novela sobre dos muchachos que se aman, que es la primera vez que hacen el amor, y sin embargo, atrás de eso está la situación social o sociopolítica que los cambia, los modifica, los engulle. En ese sentido, la novela, más que una responsabilidad social, que no la tiene, por sí misma, si está bien hecha, es una radiografía impresionante del alma humana y de cómo el alma humana está siempre sujeta a las circunstancias históricas que la rodean.

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