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El narco en la CDMX es más grande de lo que quisiéramos saber: Sandra Romandía

La periodista, coautora del libro 'Narco CDMX', advierte que, mientras el discurso oficial es que "aquí no pasa nada", los narcotraficantes han ido adquiriendo más poder y actuando con más violencia.
Narco CDMX
'Narco CDMX'. El libro fue escrito por los periodistas Sandra Romandía, David Fuentes y Antonio Nieto, y publicado por la editorial Grijalbo.

CIUDAD DE MÉXICO (ADNPolítico).- Durante los últimos 12 años, las autoridades de la Ciudad de México han minimizado o de plano negado la presencia de narcotraficantes en la capital, pero este “submundo” ha crecido tanto que ya forma parte de la vida cotidiana de sus habitantes e, incluso, es posible encontrar “casas de seguridad” de grupos delictivos en colonias de clase media o alta.

Así lo advierte la periodista Sandra Romandía, coautora del libro Narco CDMX (Grijalbo), en el que ella y sus colegas David Fuentes y Antonio Nieto documentan cómo ha sido esa expansión y también la forma en la que esta se refleja en distintos hechos de violencia.

“(El narcotráfico en la ciudad) es más grande que el que todos quisiéramos saber y más grande que el que la autoridad ha querido decir. Explicamos en el libro que es un submundo que existe a cuadras de nosotros. Probablemente, donde muchos citadinos nos movemos. No se imaginarían que en la Narvarte hay una casa de seguridad de La Unión, donde tienen a personas y las están matando, cuando la Narvarte para nosotros es una colonia tranquila”, dice en entrevista.

Romandía —quien ha coordinado investigaciones en temas como seguridad, corrupción y derechos humanos— señala que, si bien los grupos que operan en la urbe no son cárteles “tradicionales” porque no controlan todo el proceso de producción, distribución y venta de la droga, sí son organizaciones “muy fuertes” que actúan de forma parecida y generan altos niveles de violencia.

Hoy, mientras la capital registra sus peores índices en delitos como el homicidio doloso —un hecho que los especialistas vinculan con un fortalecimiento del crimen organizado—, Romandía se suma a las voces que advierten que las autoridades debieron notar esa tendencia y actuar de forma más efectiva para detener el problema.

Aquí está la entrevista completa.

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Lee: Delitos de narcomenudeo y violación se disparan en la CDMX, alerta organización

¿Cómo surgió el libro?
Nos dimos cuenta de que no había un documento periodístico serio que explicara qué pasa con el narco en la ciudad, cómo funciona, cómo opera, qué características tiene, qué grupos están, en qué zonas. Nos pareció importante recapitular por qué estamos donde estamos ahorita. Lo que hicimos fue un libro donde contamos de 12 años atrás lo que ha vivido la ciudad en el tema de cárteles, alianza con cárteles nacionales desde 2007 que se lanzaron a las autoridades, que era una alerta de que esto puede crecer.

El primer capítulo empieza con un episodio de 2005, que habla de un decomiso de dinero en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. ¿Por qué ese año?
Lo elegimos porque creemos que ese episodio de violencia había sido inédito en la ciudad, porque hay ciertos códigos en ciertos tipos de violencia entre los grupos, que te dan a entender que es un grupo fuerte y que tiene que ser cruel para mantener el control. Empezamos con eso para ahí partir y decir: “Después ocurrió este informe y aun así no se reconoció que podría haber un problema en ciudad”. El discurso público oficial es que aquí no pasa nada.

¿Dentro de su investigación encontraron qué fue lo que detonó la violencia en la Ciudad de México?
La violencia se desata, lo peor, hace dos años para acá, y viene claro, porque son grupos que se empiezan a enraizar, empiezan a sentirse dueños de ciertos territorios, a hacerse más fuertes y grandes copiando a grandes cárteles transnacionales, y que le empiezan a dejar de tener temor a ser exhibidos ante la autoridad. La ciudad está un poquito blindada, porque si pasa algo, ahí están todos los medios de comunicación, aquí están los poderes y sería muy escandaloso. Cuando se dan cuenta de que es tan fácil corromper a la policía, tener control sobre ciertas zonas, estos grupos empiezan a operar con una impunidad que siempre va en crecimiento si no se frena. La impunidad genera más violencia y genera actos más cínicos como los que hemos visto en el último año. Jamás pensaríamos que alguien llegaría a Garibaldi y a rafaguear a unas personas, jamás pensaríamos que dejarían cuerpos en Insurgentes.

¿Cuántos cárteles encontraron en la CDMX?
No son como los cárteles tradicionales, los transnacionales que abarcan desde el proceso de producción de la droga hasta el trasiego, la ruta por todo el país, no. Sí son grupos muy fuertes que operan muy parecidos a los cárteles, han encontrado la manera de abastecerse de la materia prima que es la droga, diversificaron sus delitos como los grandes cárteles, tienen estructuras muy enraizadas y fuertes. Son La Unión, que ha cambiado de cabeza y apellido, como La Unión de Tepito, La Unión del Betito, La Unión de Insurgentes. Ha habido muchas variantes. Es lo más parecido a un cártel, porque es fuerte y está teniendo presencia en otros estados, como Puebla, Veracruz, Cancún; tiene estructura definida en mando y operación. El otro es el Cártel de Tláhuac, que se ha autodenominado cártel. Ellos encontraron la manera de tener la materia prima de primera mano, de productores de Morelos y Guerrero. Aunque ahorita se dice que tiene una alianza con el Cártel Jalisco Nueva Generación. En algún momento, el Cártel de Tláhuac nació como intentando ser fuerte; se ha debilitado, porque han detenido a algunos de los cabecillas, pero sigue vigente.

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¿De qué tamaño es el monstruo del narco?
Es más grande que el que todos quisiéramos saber y más grande que el que la autoridad ha querido decir. Explicamos en el libro que es un submundo que existe a cuadras de nosotros. Probablemente, donde muchos citadinos nos movemos. No se imaginarían que en la Narvarte hay una casa de seguridad de La Unión, donde tienen a personas y las están matando, cuando la Narvarte para nosotros es una colonia tranquila; que, si estás en el Centro, a unas cuadras pueden tener detenidos a otros y los están descuartizando. Eso es un monstruo grande, que convive con nuestra cotidianidad y no nos damos cuenta. Es más grande de lo que se quiere ver.

En el libro hablan de un informe sobre advertencias que hacía la DEA sobre el narco en la CDMX. ¿Qué decía ese informe?
Ese informe señalaba que había una alerta en la ciudad, que había cárteles nacionales como el de Sinaloa, que había presencia de Los Zetas, que había relación entre cárteles nacionales que se querían o se podrían aliar con grupos de la ciudad, que fue lo que pasó. Al alertar la presencia de estos cárteles y de la violencia que estaba aumentado en la ciudad, claro que las autoridades debieron hacer algo, pero al parecer no hicieron nada.

¿Hubo información que se quedó fuera del libro?
Hubo información que no pudimos corroborar. Mucha gente nos ha criticado porque no mencionamos nombres de políticos. Nosotros solo publicamos lo que pudimos corroborar en documentos y fuentes vivas, y ver que todo cuadrara, que no fuera un documento donde exageran testimonios o hayan sido bajo tortura o que sea una fuente viva que está en revancha contra alguien. Sí hay cosas que se quedaron fuera y cosas que sonaban bien, pero decidimos que no se publicaran, porque nos dijeron que era peligroso y no nos pasaron la información. Lo que se quedó fuera es lo no corroborado o lo que no terminamos de conseguir.

¿Habrá segundo libro?
No sé si estaría involucrada, pero alguno de los compañeros quiere seguir con esto.

¿Qué fue lo más complicado?
Algunos de los integrantes vimos algo en el proceso de elaboración del libro, preguntarte si valía la pena seguir haciendo el libro o no con todo y unas señales raras, de intimidaciones, no sabemos de quién. Decidimos que sí, eso fue complicado decidir: “Sí, vamos a hacerlo”. Lo otro complicado es que sí te cambia la vida. Uno se cuida, ya no sales de noche a lugares lejos, ya no te emborrachas, volteas para todos lados al salir de tu casa, cambias tus rutinas. Eso es difícil como reporteros. No puedo decir que vivamos con miedo, pero sí tenemos que cuidarnos un montón.

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